Según el mandatario, el objetivo principal de su administración es reconstruir la nación caribeña de una manera que resulte "muy rentable" para los intereses estadounidenses.
El control de los recursos naturales aparece como el eje central de esta política, con Trump declarando abiertamente: "Vamos a usar el petróleo y vamos a hacernos con petróleo". Para ello, el gobierno de EE. UU. planea asumir el control de las ventas del crudo venezolano de forma indefinida, siguiendo un plan de tres fases que el secretario de Estado, Marco Rubio, ya presentó ante el Congreso.
En relación con la política interna venezolana, Trump destacó que el actual gobierno interino, encabezado por Delcy Rodríguez, les está proporcionando "todo lo que consideramos necesario" para avanzar con sus objetivos. A pesar del control estricto sobre el hidrocarburo, el presidente indicó que enviarán dinero al país, ya que Venezuela "necesita desesperadamente" asistencia financiera.
Esta supervisión directa se mantiene bajo la presión constante de una amenaza de acción militar estadounidense desde una armada posicionada en alta mar. Mientras los legisladores republicanos apoyan estas medidas, los demócratas han manifestado su preocupación, advirtiendo que el país se encamina hacia una intervención internacional prolongada sin una autoridad legal clara.
La situación geopolítica se ha tensado aún más tras la captura del buque "Marinera", vinculado al círculo de Maduro, por parte de la Guardia Costera de EE. UU. tras una persecución de dos semanas. Este hecho desató un conflicto diplomático con Rusia, que denunció la interceptación del petrolero en aguas internacionales y exigió la repatriación inmediata de su tripulación.





