Este fenómeno incluye el uso excesivo de redes sociales, tecnología y pornografía, lo cual está afectando incluso el desarrollo cognitivo de los niños debido a la falta de interacción humana. Según las expertas, las consultas actuales ya no se limitan a las sustancias tradicionales, marcando un cambio de paradigma en la salud mental regional.
Lili Martínez, técnica en prevención de adicciones, destacó que para enfrentar esta crisis es necesario mirar más allá de la dependencia física y observar el entorno de la persona. La especialista afirmó que “la carrera me enseñó a entender que no es la sustancia el problema, sino el contexto del sujeto”, sugiriendo que el consumo es habitualmente una respuesta a realidades sociales, familiares y de violencia que impactan al individuo.
Por su parte, la licenciada Alejandra Martínez enfatizó la falta de herramientas educativas para gestionar el dolor, señalando que “nadie nos enseñó a contar nuestros sufrimientos”. Alejandra, quien define el acompañamiento terapéutico como un trabajo "artesanal", advirtió sobre una realidad crítica en localidades como Fontana, donde se registran “más muertes por suicidio que por sobredosis” debido a la depresión profunda y al aislamiento tecnológico.
Finalmente, ambas expertas coincidieron en que la prevención comunitaria y el involucramiento son las únicas herramientas efectivas ante la insuficiencia de políticas públicas. Lili fue categórica al declarar que “la única vacuna que hay es el compromiso”, haciendo un llamado a las familias para que aprendan a detectar signos de alerta y a perder el miedo a solicitar ayuda profesional de manera temprana.





